Caracas, 10 Junio 2010 Espacio  
     
Eduardo Gómez Tamayo

Una vida entregada a la familia y al país.
     
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Hablar con Eduardo Gómez Tamayo es adentrarse en el amor que profesa por su tierra natal –El Tocuyo-, en el potencial de Barquisimeto que siempre visualizó como ventana al desarrollo, y en el liderazgo heredado de sus heroicos ancestros para emprender desafíos y comprometerse con los anhelos de justicia, libertad y democracia de la sociedad venezolana del siglo XX.

Tiene una obra fecunda que demostrar al país, sobre todo a las nuevas generaciones, y en el ámbito personal cuenta con lecciones dignas de ser aprendidas, como su profunda devoción por su familia, los sentimientos que la fortalecen y la dignifican. Conoció a Mariela Sigala Arévalo, su esposa, cuando aun eran unos niños, con quien construyó un hogar donde nacieron sus hijos Eduardo, Chepita, Alejandro y Mauricio. Hoy, nueve nietos y 3 bisnietos aumentan la alegría de esta familia formada para trascender por sus valores y ejemplo de unión.

El Club Playa Azul se enorgullece de tener a los esposos Gómez-Sigala entre sus socios durante 41 años.

Recuerda “llegamos de la mano de nuestra buena amiga Luisa de Ramos con quien estábamos cerrando la operación de adquisición del apartamento donde vivimos en Caracas. Nos invitó a conocer el Club y nos prendamos de él, y ha sido a lo largo de estos años un nuevo y placentero hogar para ver crecer a nuestros hijos, luego a nuestros nietos, descansar de la vida agitada y compartir con los amigos”. Allí nos encontramos con Alfredo Laffé, Casimiro Vegas Rolando, Pedro y Yolanda Vethencourt, entre otros amigos. Pero a partir de ese momento nos dedicamos a cultivar nuevas amistades y esa lista es demasiado extensa, agrega.

Corría 1969, el año cuando fue designado  Presidente de la Corporación Venezolana de Fomento, donde estuvo hasta 1974, dando impulso a la regionalización, con el desarrollo agroindustrial, pesquero, turístico y hotelero, y del sector financiero. Su entrañable afecto por el Dr. Rafael Caldera, profesor, amigo y colega, lo llevó a aceptar ese reto.

En ese momento Eduardo Gómez Tamayo había demostrado con creces su temple como ser humano probo, organizador, dirigente político y empresarial, periodista y profesional del derecho. Dirigió la Secretaría Juvenil de Copei en Lara, ejerció la jefatura de la fracción copeyana universitaria en la UCV; fue presidente del Colegio de Abogados, y de la Cámara de Comercio del estado Lara. Estudió Derecho en la UCV, pero culminó su carrera en la Universidad Mayor de San Marcos, en Lima, Perú, porque la dictadura perezjimenista cerró la UCV. Eran tiempos difíciles que fortalecían el espíritu libertario de los jóvenes y de los venezolanos en general.

Ha sido un comunicador nato: antes de ser abogado fue periodista. Dirigió el Semanario Vanguardia, en el Colegio La Salle; El Gráfico, en Barquisimeto, y la revista Semana en Caracas, como cronista parlamentario. Pero su mayor logro fue la fundación de El Informador, empresa familiar con 42 años de vida, que nació con el objetivo de democratizar la información. Sostiene que el periodismo lo lleva en la sangre y califica a la comunicación como instrumento para el desarrollo del pueblo. Los medios de comunicación deben ser reseña histórica y también escuela, para que las enseñanzas estén todos los días en la calle y en el hogar. Deben ser una vía segura para  transmitir educación al pueblo, con el propósito de levantar su autoestima y orientarlo hacia un mejor destino.

Alternaba su vida pública con su familia y El Informador, el Diario de Barquisimeto, premio nacional de periodismo en 1975, delegando su conducción en su hijo Eduardo, y en su esposa Mariela, con la colaboración de su hija Chepita. Actualmente es dirigido por su hijo Mauricio. 

Y a la vez compartían en el Club. “Los momentos más felices los hemos pasado con nuestros nietos en Playa Azul, y con el grupo de amigos. Recordamos una Navidad y Año Nuevo que pasamos en familia entre la alegría, el cariño de todos, y la magnífica atención del personal. También han sido memorables las festividades de la Semana Mayor junto a las comunidades de Naiguatá”.

-¿Cómo ve el Club hoy?

- “Está radiante, ahora se ve más juventud, y la Directiva es excelente; hay disciplina, se han limitado las invitaciones y los servicios son de calidad”. Siente especial predilección por José Valero, nuestro gerente de playa, porque es muy profesional y está pendiente de los detalles. Hay una gran vocación de servicio entre el personal, como el Sr. Crespo en el departamento de seguridad; Gloria y María Luisa, en la recepción; Héctor, el mesonero favorito, o el Sr. Brito, que lleva muchos años  y ahora es supervisor de plomeros.

Se refiere con un entusiasmo particular a la familia Benavente. Esa familia es ejemplar, y ni hablar de Pastora y Chú. Durante el deslave de 1999 se quedaron todos sus miembros a defender el Club, en momentos en que la estructura hotelera y turística del litoral central fue víctima de saqueos y ocupaciones. Fueron solidarios con los vecinos damnificados, pero defendieron el Club como al propio hogar, en un gesto realmente admirable.

Eduardo Gómez Tamayo es sin duda alguna un personaje de excepción, un hombre sencillo, afable, que disfruta frente a un asopado de mariscos, junto al mar, y gentilmente atendido. Igualmente se sentía realizado en el cumplimiento de funciones públicas cuando los intereses del país requerían su presencia.

Fue cuatro veces senador de la República en representación de los estados Barinas y Portuguesa, y en 1994 desempeñó la presidencia del Senado y del Congreso Nacional hasta 1995. Corrían los años de mucha tensión política con posterioridad a la intentona golpista de 1992. Se necesitaba de una figura abierta, plural, que aglutinara a las fuerzas en pugna, y fue Gómez Tamayo el hombre de consenso en el Parlamento durante la  segunda Administración del Presidente Rafael Caldera.

En sus Apuntes Autobiográficos (Gráficas Armitano C.A., Caracas. 2008), prologado magistralmente por su hija y comunicadora social Chepita Gómez Sigala, está su pensamiento y acción, sus misiones oficiales al exterior, su pasión por la provincia y El Tocuyo en particular, sus reconocimientos, y  raíces familiares en discursos y remembranzas. Y está la dedicatoria para la compañera de toda la vida, “para Mariela, comienzo de todas las alegrías y final de todas las tristezas”.

Los orígenes de esta honorable familia son parte de un legado de gente emprendedora y soñadora. Su padre y guía fue Ángel Eduardo Gómez Matos, senador, gobernador del estado Barinas. Su tío, Pío Tamayo, poeta, e importante líder de la generación del 28. Mariela también es parte de reconocidos antecesores: su abuelo, Rafael Arévalo González, periodista, fue mártir de las dictaduras de Cipriano Castro y Gómez, y su padre, Honorio Sigala Álvarez, fue parlamentario, y gobernador del estado Lara. Una pareja con ancestros tan ilustres estaba signada para hacer honor al pasado y modelar el futuro.

     
   
BulletAlberto Crespo Alvarado

BulletGiulietta Maio

BulletJosé Montes Romero
  BulletMarbelys M. Flores Romero

BulletEduardo Gómez Tamayo