Caracas, 21 de Enero de 2011 Espacio  
     
Alberto Crespo Alvarado

Un zuliano que quedó anclado en Naiguatá
     
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Zuliano de nacimiento pudo haber hecho carrera en la industria petrolera y formar una familia allá en Mene Grande, la tierra del Zumaque I. Sin embargo en esas vueltas de la vida su vocación dio un giro en 180 grados, y un día, hace casi 45 años, llegó a las puertas de Playa Azul con la idea de trabajar unos seis meses en la seguridad del Club. Pero su plan tuvo variaciones, porque Alberto Crespo Alvarado fue cautivado por una bella guaireña y nunca más salió de Naiguatá; sólo en temporadas cortas por vacaciones. “Me enamoré, fundé una familia, me prendé del Club, y puedo decir que en este entorno ideal he vivido los mejores años de mi vida”.

Alberto Crespo, que cumplirá en breve 45 años como Jefe de Seguridad del Club, es reconocido por su rectitud e integridad. De hecho es el único Jefe que ha tenido en esta área. Afirman en Playa Azul que Alberto Crespo, así como su compadre y entrañable amigo, José Montes, quien tiene 47 años de servicios en nuestra institución, son parte del patrimonio humano más preciado del Club. Sonríen con los halagos, y se emocionan cuando los gestos de afecto son colectivos, como ocurrió durante la celebración del 50º aniversario de Playa Azul. “Nos llamaron al presidium, sentí que todo el mundo nos aplaudía, y me puse a llorar con mi compadre; fue un momento inolvidable”.

Zuliano, hijo de padres larenses, se crió en un ambiente ligado al “oro negro”. Su padre, y casi toda su familia eran empleados petroleros. Y en esos tiempos la política de la Shell era que cuando el padre se retiraba esa vacante la ocupaba el hijo mayor. “Pero cuando mi padre se retira ya jubilado, con 31 años de servicios, yo tenía apenas 11 años, porque se casó muy tarde. Entonces no pude mantener la tradición, no fui petrolero; el destino me tenía reservados otros roles, otra vida”.

Estudió primaria en la Escuela Andrés Bello de la Shell, y luego 2 años de humanidades. Se incorporó al Ejército en Caracas para cumplir el servicio militar obligatorio, y hace carrera como sargento de la policía militar. Posteriormente lo absorbe el teniente Gustavo La Grave, comandante de la policía en ese momento, para trabajar en una empresa de seguridad privada bajo su responsabilidad.

-Corre el año 1965. Hasta esa empresa llegó la solicitud del presidente de Playa Azul, Enrique J. Velutini, requiriendo los servicios de un jefe de seguridad, con un perfil de funcionario policial, o militar, en situación de retiro. Y como serví en la policía militar me presenté. Fueron preseleccionados 26 aspirantes, y entre ellos logré ser el elegido. Estaba frente a un gran desafío y había que demostrar un buen trabajo, poner disciplina porque había mucho relajo entre los jóvenes. Fue un inicio memorable y un gran orgullo trabajar junto al Dr. Velutini, todo un personaje, una figura pública con altas responsabilidades como Gobernador de Caracas, y presidente del Centro Simón Bolívar.

-Pensé trabajar en Playa Azul unos seis meses, pero me enamoré de María Luisa Martínez, con quien me casé más tarde. María Luisa es de La Guaira y trabajaba en Playa Azul como telefonista. Se retiró para atender a nuestra hija mayor que hoy tiene 40 años y es economista;  y luego a mi segunda hija, de 35 años, quien es profesora de Castellano e Historia. Soñé con ser profesional universitario, pero igual, soy profesional en mi área, y estoy feliz y agradecido, porque he podido dar a mis hijas lo mejor. Yo quería que mis hijas estudiaran lo que yo no estudié, y eso lo logré con el apoyo de Playa Azul.

-Tengo a mi cargo 28 personas. La seguridad comienza por la puerta y está presente en todas las instalaciones, en el muelle, en la bomba, en los lugares donde puedan colearse los intrusos. Cuando hay eventos redoblamos la seguridad, pero son las mismas personas, las que trabajaron el día anterior, pueden hacerlo el día posterior. La puerta, que es el área más difícil, la maneja Marbelys Margarita Flores. Pero esta labor será más grata y efectiva cuando comience a operar el sistema automatizado de acceso al Club que garantizará el paso sólo de los socios solventes. En el equipo cada quien tiene su tarea, que es controlada y evaluada sistemáticamente, y  es por ello que en Playa Azul no se han registrado eventos irregulares, salvo en contadas ocasiones.

-No me falta mucho para irme, no es que esté cansado, pero a veces hay contratiempos con personas que llegan y de repente me ven como la piedra en el zapato. Pero son momentos que he sabido manejar, sobre todo compartiendo con mi compadre José Montes, que es un gran conocedor de la naturaleza humana.


¿Qué es lo que más valora en el Club?

-A todos mis compañeros, son todos importantes para mí. Además, valoro el hecho que Playa Azul quiere mucho a su personal, es muy diferente a otros clubes. Se pasan sinsabores a veces, pero eso pasa, porque las alegrías y satisfacciones son superiores.


¿Qué mensaje puede dirigir a los jóvenes?

-Resguardar los principios, que son muy importantes en la vida. Hay muchos que estudian, más no tienen los principios Hoy es imperativo estudiar y superarse, pero a la vez destacarse por su integridad. No hay recursos humanos de relevo, no hay personas de confianza, y la corrupción sigue ganando terreno en todas partes. Es preciso reflexionar al respecto y actuar.

Prensa Club Playa Azul
     
   
BulletAlberto Crespo Alvarado

BulletGiulietta Maio

BulletJosé Montes Romero
  BulletMarbelys M. Flores Romero

BulletEduardo Gómez Tamayo